El kesa por Kodo Sawaki
Llovizna y rocío, niebla y nubes visten nuestro cuerpo. El kesa es esta vestimenta. Hemos visto la naturaleza de buda desde el punto de vista de los preceptos, y ahora vamos a considerarla desde otro punto ángulo: el del kesa.
Un día, un unsui [monje errante, “nube agua” literalmente] me preguntó qué significaba el kesa. Le respondí, “el kesa es algo que no está claro”. Se me quedó mirando sorprendido y estupefacto, con un aire de pensar que simplemente estaba diciendo una frase antigua que se me vino a la mente. En verdad, el kesa es indefinible, tanto por su color gastado, el color de las ruinas o los harapos, como por sus dimensiones, que no responden a ninguna regla precisa. No está limitado por ninguna forma definida. Es por esta razón que ha sido llamado “arrozal de la felicidad”. Dicen que Shākyamuni medía un metro ochenta y cinco y que Miroku [Maitreya, Buda del futuro] medirá trescientos metros. Pero el kesa que Shākyamuni le transmite a Miroku no es grande ni pequeño. Es un manto sin forma y “un arrozal de felicidad”. De hecho, es algo inconcebible.
El kesa, vestimenta de “lloviznas y rocío, niebla y nubes”, es el símbolo de la substancia del Dharma de Buda. El cielo, la tierra, y todo el universo son este único y mismo kesa. Nada existe por fuera de él. No ascendemos al paraíso ni descendemos a los infiernos. No vamos a ningún lado, no llegamos a ningún lado. Existe sólo un kesa y el ser humano se debe a sí mismo el usarlo.
El príncipe Shotoku, que introdujo el budismo en Japón, vestía el kesa para administrar los asuntos del estado y al comentar los tres sutras Mahayana. El emperador Shomu también lo vestía para gobernar, y muchas generaciones de emperadores tuvieron fe en el kesa. En el mundo de los guerreros, Kikuchi Taketoke, Takeda Shingen y Uesugi Kenshin se beneficiaron de sus infinitas virtudes. Vestir el kesa y transmitirlo es la felicidad suprema del ser humano. Quien piensa que es sólo una tela que representa un formalismo restrictivo es el juguete de su mal karma, pero quien se regocija en vestirlo tiene su porción de felicidad.
Es Daichi Zenji quien mejor ha expresado la gran felicidad que confiere el kesa universal:
Vestido con el arrozal de felicidad, mi cuerpo está feliz.
Hombre tranquilo, he obtenido el universo.
Me abandono a mí mismo a él, yendo o quedándome según su voluntad,
La fresca brisa acompaña las nubes blancas.
Y en otro poema:
A donde sea que vaya,
El caracol está en casa cuando muere,
No existe ningún mundo por fuera de este kesa.
Cuando “la llovizna y el rocío, la niebla y las nubes cubren nuestros cuerpos”, estamos calmos y sin preocupaciones. Al usar el kesa, encontramos la paz en cuerpo y espíritu.